Así dijeron Schopenhauer y Nietzsche
Schopenhauer (En "El Arte de Insultar")
Sobre los escritores
Los escritores pueden dividirse en estrellas fugaces,
planetas y estrellas fijas. Las primeras proporcionan golpes de escena
momentáneos; uno levanta la vista, exclama ¡mira allí!, y un instante después
se han esfumado para siempre. Los segundos, es decir, los astros errantes que
vagan por el cielo, tienen mucha más sensatez. A menudo brillan más
intensamente que las estrellas fijas, aunque ello se debe a su cercanía, y
suelen ser confundidos con éstas por los profanos. Sin embargo, incluso ellos
ceden pronto su lugar, su luz es prestada, y su esfera de influencia está
limitada a sus vecinos orbitales (a sus contemporáneos). Yerran y cambian; lo
suyo es describir una órbita de varios años. Sólo las estrellas fijas son
invariables, se mantienen inmóviles en el firmamento, poseen luz propia, y su
influencia no se restringe a un lugar, dado que, por no poseer paralaje, su
apariencia no es afectada por el hecho de que nosotros modifiquemos nuestra
posición. No están circunscritas, como aquellos otros cuerpos celestes, a un
solo sistema solar (nación), sino que pertenecen al universo entero. Pero
precisamente por lo elevado de su posición, su luz requiere casi siempre muchos
años para ser vista por los habitantes de la tierra.
Sobre los escritores mediocres.
Aquellas cabezas vulgares, definitivamente, no pueden decidirse a escribir como piensan; pues adivinan que si lo hicieran, el asunto tratado podría adquirir un cariz demasiado simple. Por lo tanto, formulan lo que tienen que decir en locuciones retorcidas y difíciles, neologismos, y períodos dilatados que eluden el pensamiento y lo ocultan. Vacilan continuamente entre el empeño de transmitir lo pensado y el de oscurecerlo. Quieren amañarlo para que adquiera una apariencia culta o profunda, y produzca la impresión de que encierra mucho más de lo que se puede percibir a primera vista. De ahí que lo vayan dispensando por entregas, en sentencias cortas (Tweets o estados de Facebook), ambiguas y paradójicas que pretenden decir muchas más cosas de las que dicen; otras veces presentan su pensamiento bajo un torrente de palabras con una prolijidad insoportable, como si fueran necesarios quién sabe qué prodigiosos recursos para hacer comprensible su sentido; cuando muchas veces se trata de una ocurrencia muy sencilla, si no una mera banalidad.
Nietzsche (En "Humano, Demasiado Humano")
185. PARADOJAS DEL AUTOR. Las llamadas paradojas del autor, que le chocan al lector, muchas veces no están en el libro del autor, sino en la mente del lector.
192. EL MEJOR AUTOR. El mejor autor será al que le dé vergüenza hacerse escritor.
Yo. (En blog "Realidad Es")
Los escritores, dada su soberbia, su ingenio, su intelecto y su capacidad de diferenciar sentimientos de pensamientos y/o emociones, caen en el culto de la vanidad hacia uno mismo. En la vanidad de su "genio". Lo que lo vuelve cerrado y presumido, al creer que él tiene la máxima autoridad intelectual para criticar algo. El autor siempre logrará un abismo entre su lector y él, dado que su soberbia le forzará a omitir ejemplos que clarifiquen el contenido, pues para el autor está bastante claro, pero el lector creerá que carece de fundamentos dicho pensamiento ante la ausencia de ejemplos que lo clarifiquen. Pese a todo, el autor cree demasiado en su inspiración, como si fuese algo devenido y divino. Cuando esta inspiración termina, el escritor (autor) carece de material que él considera "de calidad" para poder escribir. El arte (música, escritura, y cualquier otra) no tiene como objeto presentar las mejores piezas de improvisación del autor, sino lo más expresivo de su memoria. El cerebro resulta ser un almacén de recuerdos muy poderosos, los cuales, las mentes ligeras, ignoran con tal de hacer más llevadera su vida (o su existencia), sin éxito alguno. Sólo el artista puede desprenderse de sus recuerdos dolorosos mediante el buen uso del arte.





