lunes, 12 de mayo de 2014

Vendiendo flores

¡Vámonos con Don Severo!

El viernes 9 de mayo del año en curso regresé a vender flores con la familia a la que acompañé por primera vez hace poco más de un mes a San Francisco del Rincón.
Encontramos esta primera cuestión: ¿Por qué regresar? En primera instancia, esas personas no son un pedazo de carne ni un espectáculo al “cual hay que ir a ver”. Siguen siendo personas, seres humanos capaces de brindar, y, aún más importante, recibir ayuda. Pero la pregunta sigue sin respuesta, quise regresar porque en la primera ocasión en la que acompañé a dicha familia (en realidad acompañé a los hijos menores: Rosalía y Abraham), me sentía desarmado, no sabía cómo llegar con ellos, cómo hablarles, cómo relacionarme. Era incómodo dado que ellos no me conocían, yo no los conocía, existía una brecha enorme entre nosotros, y no lo digo en un sentido elitista, sino en un sentido de amistad. Nunca nos habíamos visto ni siquiera el rostro y yo estaba ahí con ellos en su rutina, en su trabajo, de un día para otro llegué a invadir la privacidad de estas personas. ¿Con una sola visita sería yo capaz de aprender a ponerme en los zapatos de estas personas? ¿Sería posible que con una visita yo pudiera comprender su visión del mundo? Parece bastante obvia la respuesta ahora, ¿no es así?
Regresé porque de algún modo quise agradecerles su tiempo, su apertura hacia mí, su abnegación y su amabilidad.
El viernes 9 de mayo me fui de nuevo a acompañarles. Sin embargo, ahora fue turno de Don Severo de ser el acompañado. Había ido yo el martes 29 de abril al Centro de Desarrollo Indígena con la finalidad de frecuentar a esos dos pequeños niños. Fui a verles, aunque también iba yo con intención de preguntar si ellos pudieran usar de mi utilidad como vendedor de flores. Don Severo no estaba, fue con Doña Victoria con quien platiqué, y me dijo que sí, que mi ayuda sería bien recibida. Nos pusimos de acuerdo respecto a fechas y quedó el 9 de mayo de 2014, a las 11 am.
Llegó el día, no entré a la clase de Comunicación y Diseño por llegar temprano a mi cita hecha con demasiada anterioridad.
Desde el 2 de mayo ha sido un mes bastante conflictivo en lo personal: Varias batallas internas por pelear, varios descubrimientos sobre mí, diversas emociones por canalizar y reorganizar, muchas cosas por mejorar en mi pensamiento y emociones. Pero yo ya estaba ahí en el Centro Indígena a las 11 am de ese viernes soleado.
Llegué con mucha actitud, mientras intentaba no pensar en todo aquello que en mis hombros se juntaba. Estacioné el auto afuera de la institución, por costumbre. Entré caminando y vi a Rosalía preparando los ramos de flores que serían objeto de venta esa misma tarde. Me acerqué a ella y le pregunté que si quería ayuda y me dijo que se encontraba bien, así que le pregunté por su mamá, y ésta se encontraba cocinando frente  a donde Rosalía preparaba los ramos. Ahí estaba ella, sentada frente al fuego y a un gran pedazo de metal que fungía como cacerola, dentro de la cual había  pescados fritos. Estaban cocinando Doña Victoria y una de sus nueras. Yo seguía siendo un reverendo inútil observador, y me decidí por preguntar: “Doña Victoria, ¿a qué le ayudo?”. Ella contestó: “Vete con Rosalía a ayudarle con las flores”.
Lo hice. A Rosalía, que ya me había rechazado, le dije: “Ni modo, tu mamá me mandó a ayudarte. Dime qué hago”, y me mostró cómo hacer un ramo de claveles. El ramo consistía en acomodar dos ramas de “hierba” junto con unas flores pequeñas moradas o amarillas y acomodar 3 claveles alrededor de esta hierba y flores; 1 clavel debía ser rojo, otro rosa y otro blanco. Mi estupidez era del tamaño de mi coordinación y experiencia haciendo ramos de flores, de manera que el primer intento no me quedó ni cerca de estar bien. Le dije a Rosalía que me dijera si los hacía mal para volver a hacerlos, ella sólo rió. Creo que quiso decirme que mejor no hiciera nada, pero ahí estaba yo, intentando ayudar.
De rato, se hizo pesado y tedioso eso, pero pensé: “Ellos hacen esto diario, es la única fuente de ingresos que estas personas tienen”, y se me quitó el pensamiento de encima y seguí generando más ramos, hasta que llegó una hermana de Rosalía, Reyna, que me dijo que ya era suficiente. Y se dedicó a arreglar mis porquerías (que no fueron tantas, y me sentí bien de no ser tan imbécil para hacer un ramo de flores).
Luego, vi a Don Severo, que estaba junto con su hijo intentando encender el motor de la camioneta en la que nos iríamos a vender más tarde las flores. Ya eran aproximadamente las 13 horas del día cuando Don Severo decidió que ya era hora de comer. El motor aún no arrancaba, pero se fue a sentar de todas formas a la mesa. Ya en la mesa, me senté junto con el hijo de Don Severo y Doña Victoria, el mismo que ayudaba a encender el motor, se llama Gabriel. Estábamos Gabriel, Don Severo y yo, sentados comiendo pescados recién atrapados de la presa del palote de esa misma mañana. La primera vez que estuve en la mesa con ellos, nadie comentó nada, hubo un silencio hiriente en aquella ocasión. Pero esta vez, incluso hubo risas y varios comentarios con humor. Aunque ellos seguían hablando en Náhuatl para ellos, no me sentía excluido, pues sabía que era yo el que no encajaba ahí, el que estaba irrumpiendo una privacidad y una intimidad completamente ajenas a mí.
También me sorprendí de algunos temas que surgieron en la comida, como que comieran plantas que a mí jamás se me habría ocurrido poner en mi boca. Me platicaron que comían quelite, esa planta que nos enseñan a los niños lux (en experiencia rural) que es mala para los cultivos, y, sin embargo, Don Severo y Gabriel me dijeron que el quelite era bueno para limpiar los riñones. También me comentaron sobre los tipos de zapote que ellos conocían, los tipos de maguey que ingerían. Me hablaron sobre sus rutinas de comida, es decir, despiertan, hacen sus cosas, comen hasta la 1:00pm y luego hasta regresar de vender, que puede variar entre las 5 o 6 pm, hasta las 8 o 9 de la noche. Estaba yo de verdad muy desconcertado, porque pareciera que ellos me tenían en un concepto demasiado elitista, porque creyeron que yo no comía frijoles y que no comía mucho, además que pensaban que tampoco comía tortillas. Desmentí todo eso, y fue hora de decir la verdad, que a mí me gustaban (y aún me gustan) mucho los frijoles, que me encanta comer tortillas y que tengo casi los mismo hábitos de comidas que ellos.
Después de la comida y de ciertas risas surgidas, fue hora de irnos. Para nuestra sorpresa, sí arrancó la camioneta en la que nos llevarían a “Los Castillos”, aquí en la ciudad de León, para ir a vender las flores.
Nos llevó un sobrino de Don Severo, se llama Arturo, de 13 años (que no estudia porque quiere ayudarle a su papá a fabricar muebles de madera) (aunque no sé si por gusto o por obligación). Arturo se mostró muy nervioso conmigo, pues durante el camino hablamos poco, pero se la pasaba comentando cosas en Náhuatl con Don Severo. Le pregunté a este último sobre sus flores, me dijo que habían ido a “México” (me imagino que hasta el DF) por las flores, las cuales eran Lilis, claveles, rosas (rojas y amarillas). También le pregunté sobre su camioneta (en la que íbamos) y me comentó que él había arreglado el motor, y le salió demasiado caro (no daré detalles por ética profesional). Regresando a las flores, también me comentó la suma invertida, y el tiempo y esfuerzo en ir por ellas. De verdad quedé sorprendido con todo el esfuerzo y dinero que hace esta gente para sobrevivir. Me sorprendí porque no estoy acostumbrado a escuchar, mucho menos vivir en carne propia, los esfuerzos que estas personas hacen. Seguramente muchos de nosotros estamos acostumbrados a escuchar a nuestros papás hablar, pero como empresarios, cosas como: “Es que mandé traer 3 toneladas de arena de Cancún para ponerla en la sala”, pero no estamos acostumbrados a realmente ver el esfuerzo que esto implica: Ir hasta el DF, invertir mucho dinero en algo que venderás después en la ciudad en la que estás viviendo. Y, cabe aclarar, que esta vendimia no es irse a sentar a una esquina en la ciudad o en alguna parte de la ciudad, es ir a vender flores, estar caminando por toda la colonia, al tiempo que se frecuentan a todos los clientes. Es decir, Don Severo es su proveedor y su distribuidor propio. Proveedor tal vez no tan literal, pues él compra las flores y no las cultiva, sin embargo, él hace la compra para surtirse de producto que pueda ofrecerle a sus clientes.
Aún no me aprendo bien las rutas a las que asiste semanalmente Don Severo, pero sé que los sábados se va a San Francisco del Rincón a vender. Algo que me llama mucho la atención es que vende (por la experiencia que tengo junto a ellos) en lugares con escaso recurso económico, es decir, se van a colonias populares. La vez que fui a San Pancho con ellos, noté que sus hijos (Rosalía y Abraham) caminaban por calles, algunas sin pavimentar, otras pavimentadas, otras con gente drogándose a plena luz del día en plena calle, en colonias donde los niños por lo general están descalzos y los pies negros del trabajo que tienen que hacer desde pequeños. No fue muy diferente acá en Los Castillos.
En alguna ocasión mi estupidez salió a flote y me animé a vender flores por mi cuenta. Estábamos en un pequeño establecimiento de mariscos, y Don Severo y yo descansábamos un poco con un refresco Peñafiel de fresa que nos ofreció gratis el dueño del establecimien- to. Antes de nosotros llegar, estaba una pequeña familia de 3, mamá, papá e hijo, y cuando llegamos estaban ellos por irse. Mientras pagaban la cuenta, el señor notó la cubeta de las rosas y me preguntó que en cuánto “las andaba dando”, le dije que los claveles en 10, las rosas en 20 y las lilis en 30. Sin embargo, y, dado que habían ramos de rosas con 2 y 3 rosas, no supe qué hacer cuando el señor vio un ramo de 3 rosas y lo comparó con uno de 2, y le dije: “Bueno, ése se lo dejo en $15”. Yo confiaba en la experiencia que había tenido en las ventas previas. Don Severo sólo me vio y me dijo “Ésas están a 20”, y pues no pude hacer mucho porque el señor ya se había ido. Pero después recuperamos esos $5 en un ramo de claveles que dimos en $15.
El día avanzaba y mis ánimos iban creciendo. Iba viendo el ritmo de vida de Don Severo. Era bastante agitado, camina demasiado y con moderada velocidad, visto esto me hizo mucho sentido el por qué comían tanto.
El regreso hacia el centro indígena fue en camión, y pensé: “León es tan grande cuando se ve con otros ojos”. No es broma: Terminamos la venta aproximadamente 5:45pm y llegamos al centro indígena como a las 7:00pm, sólo por el regreso en camión. Nunca me había subido a un camión y tener que estar cuidando dos cubetas enormes y vacías. Ésta parte sí fue muy incómoda. Pues era la hora en que mucha gente iba de vuelta a sus hogares y usaban el camión. En más de una ocasión, por estará cuidando las cubetas, descuidé mis partes de hombre y se sintió feo.
Llegamos al centro indígena y aún había sol. De hecho se sorprendieron de vernos algunas personas de ahí, entre ellas Rosalía y Abraham, quienes dijeron: “Ah, terminaron temprano hoy”. Supongo que están acostumbrados a que su papá desaparezca por varias horas al día; y aún así, Doña Victoria ya no la encontré, pues estaba vendiendo todavía, me parece que ella sola.
Me quedé un rato platicando con Abraham y Rosalía, y conocí a un hermano mayor de ellos, se llama Jaime. Él no vende tanto como sus hermanos, se dedica más al estudio, sin embargo, sí sale a vender.
Después, el cansancio comenzó a invadir mi cuerpo y mi mente. Una vez frío y desacostumbrado de caminar y estar cargando las pesadas cubetas sobre los hombros, el cuerpo se relajó y decidió cansarse. Así que decidí irme. Pero la mente resistió un poco más.
Yo seguía pensando en esa ligera situación emocional por la que estoy pasando, pero no dejaba de pensar en lo que había vivido durante el día, con Don Severo, Rosalía, Jaime, Arturo, Gabriel, Doña Victoria, Abraham, Estrella (la hija más pequeña de la familia, con quien estuve jugando un rato con una pelota), y demás personas.
Quiero regresar otra vez, seguirles ayudando a vender flores. Tal vez no diario, pero sé que estas personas son tan capaces de brindar ayuda, como de recibirla. Me quedé pensando y aquéllos que son capaces de recibir ayuda son esas personas las más aptas para ayudar a los demás, es decir, al saber que necesitan ayuda (aunque sea para cargar una cubeta) reciben de buena manera esa ayuda, al tiempo que hacen sentir útil al que los ayuda. Es un acuerdo recíproco silencioso que nadie se pone a razonar.
Otra cosa en la que me quedé pensando es que, dada la cantidad invertida de flores, noté que no se recupera la cantidad en un solo día, pero viven al día, con lo que ganan de venta en una tarde, les sirve para la comida del día siguiente. No se proyectan a futuro, están más al pendiente de su presente y de cómo sobrellevarlo, no les preocupa otra cosa más que salir adelante un día  a la vez. No sé cómo tomar esto, porque siempre yo soy mucho de estar pensando más allá de la sobrevivencia. Además, me pone en una situación de conflicto intelectual porque son demasiadas maneras de pensar las que me llegan al tocar este tema: Pienso en la gente que he conocido en Chiapas con los Tzeltales, con la gente de San Luis de la Paz (de Paso de Vaqueros, o de Loma de San Juan), con la gente de Villahermosa, Tabasco (creo que fue en Ejido Marín), o con gente de aquí cerca de Nuevo Valle de Moreno. Son tantas mentalidades tan diferentes, pero en condiciones socioeconómicas tan parecidas, que es difícil encontrar un discernimiento apropiado para todas las experiencias, y, sin embargo, sé que todas deberán pensarse (y vivirse) de diferente manera.
Algo de lo que estoy seguro: Voy a seguir yendo al centro indígena, y probablemente siga ayudando a la venta de flores, aunque no creo que vaya a San Pancho, prefiero quedarme aquí en León.

martes, 6 de mayo de 2014

Finalmente somos nadie

01 de Febrero de 2014

Hola, queridos lectores. (Es curioso cómo los formalismos a veces pueden ser los primeros indicios de hipocresía. Yo siempre he creído, también, que la cortesía es el rostro elegante de la hipocresía), así que no se hagan ilusiones de si son "mis queridos" lectores, sin embargo, les agradezco su tiempo y espacio que se dan para leer las verborreas que escribo.

El título del blog no tiene nada que ver con lo que escribiré... Ya lo verán. ¿La fecha? Es de cuando estaba solo, como usualmente lo estoy, en la biblioteca de la universidad, y estaba pensando. Pensando tan en serio, que uno no puede zafar su pensamiento sobre esa idea tan obsesiva y reminiscente a cada instante.

Les presento a continuación lo que sucedió:

01/Febrero/2014

Finalmente somos nadie

Hoy es uno de esos días en los que me pregunto "¿Qué es el amor?" y mis pensamientos apuntan a todo menos a las personas. Creo en el amor, pero no creo en las personas, y existen demasiadas que son incongruentes en el mundo, al menos en mi entorno, incluido este humilde escritor.

Las incongruencias e inconsistencias provienen siempre de las carencias emocionales, lo cual provoca inestabilidad, pérdida de identidad y desesperación. ¡Oh, estúpida desesperación! La desesperación es la madre de todas las tragedias, y me bastan de ejemplo Edipo Rey o Dorian Gray.

Tal vez tú, querido lector, pienses ¿Y qué carajo con todo esto? Pues lo que me gusta de la gente es lo que más odio: Todo de ellos. Soy alguien que gusta de tomar siempre diferente perspectivas y, puesto que soy muy empático, lo logro con facilidad, además, soy alguien que piensa que los detalles pequeños son la diferencia. Incluso intento ser congruente de lo que digo, hago y pienso (No siempre sale, pero uno hace lo mejor que puede). Siempre busco un equilibrio, busco respuestas y explicaciones, sin que esto signifique dejar de preguntar.

No soporto a esas personas que son "portavoces del amor" cuando ni siquiera amor propio tienen (bien dijo Oscar Wilde que los poetas son los que mataron el amor). Esos que dan consejos de relaciones de pareja, y su relación es la peor de la historia, pero ahí siguen sufriendo pueril e inútilmente juntos; ésos que te aconsejan dejar el alcohol, pero que ellos mismos no lo dejan por carencias emocionales y ausencia de fuerza de voluntad. No dispongo de empatía ante esos que opinan que la mejor persona de quien recibir un consejo es aquella que sabe del tema sin haberlo superado, es decir, y regresando al tema del alcohol, no es lógico ni prudente ser aconsejado por esa persona que dice que el alcohol es malo y no lo ha podido dejar, ¿Qué razón y autoridad moral tiene esa persona para aconsejar que el alcohol es nocivo para la salud, y, aún con ese conocimiento, no dejarlo? Yo creo que la mejor persona para aconsejarnos es aquélla que estuvo en una situación y supo cómo superarla. Y, aún así, al final uno toma sus decisiones, incluso uno decide escuchar o no.

A mi alrededor me concentro y veo gente impulsiva, imprudente, con doble moral, prejuiciosa y que no sabe escuchar. Son muy pocas mis excepciones de personas en verdad conscientes de sí y que actúan bajo principios sólidos e ideales; firmes y congruentes en lo que dicen, hacen y piensan. No conozco adultos congruentes y, sin embargo, conozco más jóvenes prudentes, sensatos y honestos.

Recientemente he escuchado en mi círculo de amistades de preparatoria que varios amigos terminan con sus parejas, ya sea por infidelidad o malos tratos, o no terminan por chantaje emocional y sexual (este último es mera suposición mía). SI las cosas no van bien en la relación, ¿por qué quedarse con alguien que nos trata mal? Como dice Steve Chbsoky "Aceptamos el amor que creemos merecer". Y creo que es cierto, pero si lo planteamos para alguien inteligente y buen practicante del amor propio (o amor hacia sí mismo, para evitar confusiones) es bastante irónico, porque si ven que las cosas no resultan, se alejan y terminan, ya sea bien o mal ¿Ahí se recibió amor? ¿Se intentaron superar las dificultades? Pero, si planteamos la frase de Chbosky en gente con baja autoestima, resulta un amor mediocre y masoquista que deriva del hecho de no querer y no saber enfrentar la soledad, como pasa con esas parejas que siguen estando juntas porque el sexo es bueno, porque uno se siente superior a otro y ese uno "quiere salvar" de sí mismo(a) a su pareja. Y esto surge más claro en hombres, que aguantan los chantajes emocionales con tal de recibir sexo y la satisfacción de sentirse superior intelectualmente ante esa "aparente" inferioridad intelectual femenina. Y, sin embargo, la mujer resulta más inteligente al saber cómo mantener a un hombre imbécil a su lado. Sienten ellos mismos que se sacrifican en el nombre del amor, y ni siquiera saben qué es.

Mi crítica a la frase de Nietzsche ("Todo lo que se hace por amor va más allá del bien y el mal") es mi pregunta al final del párrado anterior, ¿Qué chingados es el amor?

Nadie sabe qué es, y existen padres y madres que el amor es darles a sus hijos "todo", entiéndase: cariño, materialismo, y, sobre todo "lo que ellos no tuvieron". ¿Por qué los padres tienden tanto a desahogar sus frustraciones con sus hijos? Entramos otra vez en terreno del amor hacia uno mismo. Si los padres se quisieran a sí mismos (as) se conocerían, y conocerse es identificar virtudes, habilidades, pero aún más importante, carencias, tanto afectivas como materiales. Si se conocieran, tendrían por seguro el hecho que primero debe resolverse uno su vida antes que resolver la de alguien más, y "resolver la vida de alguien más" implica siempre un "te apoyaré incondicionalmente, nunca te faltará nada, serás libre, vas a ser mejor que tu papá". Los padres así (y las personas en general), que tienden a preocuparse más por las otras personas que por uno mismo, solemos ser las más agobiadas, tanto de pensamientos como de realidades. Tendemos a perder ideales ante tanto esfuerzo inútil traducido a frustraciones. Y, sin embargo, no logro evitar pensar que me entretienen tanto los problemas ajenos dado que mi vida me aburre.

¿Nos preocupamos por los demás por amor? ¿Por empatía? ¿Por egoísmo? ¿Por qué carajo pensamos todos que amor es sacrificio? ¿Debe uno aguantar las estupideces ajenas?

A pesar de todo y de no saber qué es, ¿por qué sí creo yo en el amor, pero no en las personas? Me gustaría empezar con la 2a parte de la pregunta y que en cierta medida he venido explicando hasta antes de este párrafo. Así de fácil: la gente miente, todos mienten, en su casa, trabajo, escuela, incluso a sí mismos, con el afán de volver más llevadera la existencia, mitniéndose que esa existencia es vida. Mintiéndose por miedo a enfrentarse a sí mismos como a mí me pasa. Y, sin embargo, considero que no me miento mucho... ¿o me estaré mintiendo al decirme que no miento?

Pero sí creo en el amor, en ese amor que uno mismo puede generar a través de su propia voluntad con el afán de compartirlo y crear felicidad a partir de él. Creo en el amor hacia uno mismo (que unos lo llaman dignidad, otros orgullo y otros autoestima), yo sólo quiero llamarlo amor propio. Si uno sabe amarse a sí tal cual es, sabe amar a alguien más. Para amarse a uno mismo no es necesario sacrificarse por uno mismo, puesto que es paradójicamente imposible.

Existe quien dice que la mejor forma de conceptualizar algo es plantearlo por lo que no es, por ejemplo: El amor no es sacrificio.



OBJECIÓN; Sí es sacrificio, ¿qué pasa con esas personas que tienen arraigado un odio y un pensamiento de odio hacia sí mismos? Deben confrontar sus ideas, deben sacrificarse (intelectual y emocionalmente) a sí mismas para comenzar a quererse.

Eso es todo lo que escribí ese día, amigos. ¿Qué es el amor? Me gustó la definición del diccionario jajaja

"Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser." (Hay otras 12 acepciones o más que no leí en: http://lema.rae.es/drae/?val=amor )

Me gustó esa porque me da la razón, jijiji dada la insuficiencia de sí (de amor [por uno mismo, para empezar]) es necesario comenzar con la búsqueda del ser que nos haga sentirnos amados, por la necesidad de nosotros sentirlo; pero no con el propósito de uno compartir su vida, su mente, su cuerpo y su espíritu. ¿Qué pasaría cuando dos personas se encontraran con el propósito de sentirse amados (recibir amor), y no con el propósito de amar (dar amor)? ¿Qué sería de todos si tan sólo diéramos amor?

viernes, 2 de mayo de 2014

ABRAZOS ENORMES GRATIS \O/

En cualquier escrito, cuando es un cumpleaños, cuando saludo, en cualquier momento a mis conocidos y amigos les he deseado abrazos enormes, par de palabras que expresan más allá de una acción meramente superficial, un deseo de plenitud y felicidad para quienes me leen o me escuchan.



Un abrazo es una muestra de estima y es un transmisor muy fuerte de energía, tan poderoso que no sólo hacerlo nos hace más grandes, sino que su ausencia nos puede llevar a una desgracia. Recibir y dar abrazos nos hace sentir queridos, pues alguien tuvo el gesto tan humano hacia con nosotros. También es un gesto solidario, puesto que en algún momento hemos de darlo a alguien que nos parece que lo necesita.
"Necesitamos cuatro abrazos al dia para sobrevivir, ocho para mantenernos, y doce para crecer"
 Al rededor de los abrazos se encuentran múltiples estudios en los que se han comprobado algunos hechos:

  • Tienen poder analgésico
  • Ayudan al autoestima
  • Apoyan a la superación de miedos
  • Fortalecen el sistema inmunológico
  • Son un factor antienvejecimiento
  • Le hacen bien al corazón de la mujer
  • Reducen el insomnio



"El Instituto de Investigación sobre el contacto de la Escuela Universitaria de Medicina de Miami, Estados Unidos ha realizado más de 100 estudios sobre los efectos del contacto en la recuperación de la salud. De acuerdo con sus resultados, el abrazo, las caricias y el contacto tienen un efecto altamente positivo, por ejemplo, en la mejor y más rápida recuperación de los bebés prematuros, en el incremento de la analgesia en pacientes con dolor, en la mejoría de los niveles de glucosa en niños con diabetes y en el sistema inmunológico en pacientes con cáncer, entre otros efectos constatados.






El doctor David Spiegel de la Universidad de Stanford California, Estados Unidos es pionero en observar la correlación entre mayor longevidad y apoyo terapéutico grupal en mujeres con cáncer metastático de mama. Según sus investigaciones, el abrazo como soporte afectivo mejoraba la calidad de vida y disminuía el dolor de muchas pacientes. Pero lo más revelador es que ha demostrado que el dolor no sólo se redujo en 50%, sino que las pacientes vivieron el doble (las mujeres del grupo de control vivían un promedio de 18.9 meses, en tanto que las del grupo que recibía terapia de apoyo vivían 36.6 meses)."





Un abrazo es portátil y es ecológicamente amigable, llena vacíos, aumenta el sentido de pertenencia y lo más importante, potencia la felicidad. Por eso siempre les envío abrazos enormes, simplemente quiero que estén en paz y sean felices.
Lean, comenten, compartan y regalen abrazos.

http://www.salud180.com/salud-z/terapia-que-descubre-la-importancia-de-un-abrazo