01 de Febrero de 2014
Hola, queridos lectores. (Es curioso cómo los formalismos a veces pueden ser los primeros indicios de hipocresía. Yo siempre he creído, también, que la cortesía es el rostro elegante de la hipocresía), así que no se hagan ilusiones de si son "mis queridos" lectores, sin embargo, les agradezco su tiempo y espacio que se dan para leer las verborreas que escribo.
El título del blog no tiene nada que ver con lo que escribiré... Ya lo verán. ¿La fecha? Es de cuando estaba solo, como usualmente lo estoy, en la biblioteca de la universidad, y estaba pensando. Pensando tan en serio, que uno no puede zafar su pensamiento sobre esa idea tan obsesiva y reminiscente a cada instante.
Les presento a continuación lo que sucedió:
01/Febrero/2014
Finalmente somos nadie
Hoy es uno de esos días en los que me pregunto "¿Qué es el amor?" y mis pensamientos apuntan a todo menos a las personas. Creo en el amor, pero no creo en las personas, y existen demasiadas que son incongruentes en el mundo, al menos en mi entorno, incluido este humilde escritor.
Las incongruencias e inconsistencias provienen siempre de las carencias emocionales, lo cual provoca inestabilidad, pérdida de identidad y desesperación. ¡Oh, estúpida desesperación! La desesperación es la madre de todas las tragedias, y me bastan de ejemplo Edipo Rey o Dorian Gray.
Tal vez tú, querido lector, pienses ¿Y qué carajo con todo esto? Pues lo que me gusta de la gente es lo que más odio: Todo de ellos. Soy alguien que gusta de tomar siempre diferente perspectivas y, puesto que soy muy empático, lo logro con facilidad, además, soy alguien que piensa que los detalles pequeños son la diferencia. Incluso intento ser congruente de lo que digo, hago y pienso (No siempre sale, pero uno hace lo mejor que puede). Siempre busco un equilibrio, busco respuestas y explicaciones, sin que esto signifique dejar de preguntar.
No soporto a esas personas que son "portavoces del amor" cuando ni siquiera amor propio tienen (bien dijo Oscar Wilde que los poetas son los que mataron el amor). Esos que dan consejos de relaciones de pareja, y su relación es la peor de la historia, pero ahí siguen sufriendo pueril e inútilmente juntos; ésos que te aconsejan dejar el alcohol, pero que ellos mismos no lo dejan por carencias emocionales y ausencia de fuerza de voluntad. No dispongo de empatía ante esos que opinan que la mejor persona de quien recibir un consejo es aquella que sabe del tema sin haberlo superado, es decir, y regresando al tema del alcohol, no es lógico ni prudente ser aconsejado por esa persona que dice que el alcohol es malo y no lo ha podido dejar, ¿Qué razón y autoridad moral tiene esa persona para aconsejar que el alcohol es nocivo para la salud, y, aún con ese conocimiento, no dejarlo? Yo creo que la mejor persona para aconsejarnos es aquélla que estuvo en una situación y supo cómo superarla. Y, aún así, al final uno toma sus decisiones, incluso uno decide escuchar o no.
A mi alrededor me concentro y veo gente impulsiva, imprudente, con doble moral, prejuiciosa y que no sabe escuchar. Son muy pocas mis excepciones de personas en verdad conscientes de sí y que actúan bajo principios sólidos e ideales; firmes y congruentes en lo que dicen, hacen y piensan. No conozco adultos congruentes y, sin embargo, conozco más jóvenes prudentes, sensatos y honestos.
Recientemente he escuchado en mi círculo de amistades de preparatoria que varios amigos terminan con sus parejas, ya sea por infidelidad o malos tratos, o no terminan por chantaje emocional y sexual (este último es mera suposición mía). SI las cosas no van bien en la relación, ¿por qué quedarse con alguien que nos trata mal? Como dice Steve Chbsoky "Aceptamos el amor que creemos merecer". Y creo que es cierto, pero si lo planteamos para alguien inteligente y buen practicante del amor propio (o amor hacia sí mismo, para evitar confusiones) es bastante irónico, porque si ven que las cosas no resultan, se alejan y terminan, ya sea bien o mal ¿Ahí se recibió amor? ¿Se intentaron superar las dificultades? Pero, si planteamos la frase de Chbosky en gente con baja autoestima, resulta un amor mediocre y masoquista que deriva del hecho de no querer y no saber enfrentar la soledad, como pasa con esas parejas que siguen estando juntas porque el sexo es bueno, porque uno se siente superior a otro y ese uno "quiere salvar" de sí mismo(a) a su pareja. Y esto surge más claro en hombres, que aguantan los chantajes emocionales con tal de recibir sexo y la satisfacción de sentirse superior intelectualmente ante esa "aparente" inferioridad intelectual femenina. Y, sin embargo, la mujer resulta más inteligente al saber cómo mantener a un hombre imbécil a su lado. Sienten ellos mismos que se sacrifican en el nombre del amor, y ni siquiera saben qué es.
Mi crítica a la frase de Nietzsche ("Todo lo que se hace por amor va más allá del bien y el mal") es mi pregunta al final del párrado anterior, ¿Qué chingados es el amor?
Nadie sabe qué es, y existen padres y madres que el amor es darles a sus hijos "todo", entiéndase: cariño, materialismo, y, sobre todo "lo que ellos no tuvieron". ¿Por qué los padres tienden tanto a desahogar sus frustraciones con sus hijos? Entramos otra vez en terreno del amor hacia uno mismo. Si los padres se quisieran a sí mismos (as) se conocerían, y conocerse es identificar virtudes, habilidades, pero aún más importante, carencias, tanto afectivas como materiales. Si se conocieran, tendrían por seguro el hecho que primero debe resolverse uno su vida antes que resolver la de alguien más, y "resolver la vida de alguien más" implica siempre un "te apoyaré incondicionalmente, nunca te faltará nada, serás libre, vas a ser mejor que tu papá". Los padres así (y las personas en general), que tienden a preocuparse más por las otras personas que por uno mismo, solemos ser las más agobiadas, tanto de pensamientos como de realidades. Tendemos a perder ideales ante tanto esfuerzo inútil traducido a frustraciones. Y, sin embargo, no logro evitar pensar que me entretienen tanto los problemas ajenos dado que mi vida me aburre.
¿Nos preocupamos por los demás por amor? ¿Por empatía? ¿Por egoísmo? ¿Por qué carajo pensamos todos que amor es sacrificio? ¿Debe uno aguantar las estupideces ajenas?
A pesar de todo y de no saber qué es, ¿por qué sí creo yo en el amor, pero no en las personas? Me gustaría empezar con la 2a parte de la pregunta y que en cierta medida he venido explicando hasta antes de este párrafo. Así de fácil: la gente miente, todos mienten, en su casa, trabajo, escuela, incluso a sí mismos, con el afán de volver más llevadera la existencia, mitniéndose que esa existencia es vida. Mintiéndose por miedo a enfrentarse a sí mismos como a mí me pasa. Y, sin embargo, considero que no me miento mucho... ¿o me estaré mintiendo al decirme que no miento?
Pero sí creo en el amor, en ese amor que uno mismo puede generar a través de su propia voluntad con el afán de compartirlo y crear felicidad a partir de él. Creo en el amor hacia uno mismo (que unos lo llaman dignidad, otros orgullo y otros autoestima), yo sólo quiero llamarlo amor propio. Si uno sabe amarse a sí tal cual es, sabe amar a alguien más. Para amarse a uno mismo no es necesario sacrificarse por uno mismo, puesto que es paradójicamente imposible.
Existe quien dice que la mejor forma de conceptualizar algo es plantearlo por lo que no es, por ejemplo: El amor no es sacrificio.
OBJECIÓN; Sí es sacrificio, ¿qué pasa con esas personas que tienen arraigado un odio y un pensamiento de odio hacia sí mismos? Deben confrontar sus ideas, deben sacrificarse (intelectual y emocionalmente) a sí mismas para comenzar a quererse.
Eso es todo lo que escribí ese día, amigos. ¿Qué es el amor? Me gustó la definición del diccionario jajaja
"Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser." (Hay otras 12 acepciones o más que no leí en: http://lema.rae.es/drae/?val=amor )
Me gustó esa porque me da la razón, jijiji dada la insuficiencia de sí (de amor [por uno mismo, para empezar]) es necesario comenzar con la búsqueda del ser que nos haga sentirnos amados, por la necesidad de nosotros sentirlo; pero no con el propósito de uno compartir su vida, su mente, su cuerpo y su espíritu. ¿Qué pasaría cuando dos personas se encontraran con el propósito de sentirse amados (recibir amor), y no con el propósito de amar (dar amor)? ¿Qué sería de todos si tan sólo diéramos amor?
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